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Encuentro con J. M. Coetzee

A veces hay autores que me interesan mucho, y trato de leer varias de sus obras para encontrarme con ellos y captar sus sentimientos, además de su forma de ver la vida. Éste ha sido el caso de varios premios Nobel, que me han parecido seres humanos fascinantes, y que me han regalado con su literatura fabulosa. Todavía estoy lejos de saciar mi curiosidad acerca de J. M. Coetzee, sin embargo creo que puedo dar algún adelanto.

John Maxwell Coetzee nació en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 9 de febrero de 1940. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2003, por “la brillantez al analizar la sociedad sudafricana”, según el acta de la Academia Sueca. Su obra incluye novela, autobiografía novelada, cuento, ensayo, crítica y correspondencia, traducciones e introducciones en inglés.

M. Coetzee estudió la licenciatura en Matemáticas y en Lenguas Inglesas en la Universidad de Worcester, y a principios de los años sesenta se desplazó a Londres, en donde trabajó como programador informático. En 1969 terminó su doctorado en Lingüística Computacional en la Universidad de Texas, en Austin. Su tesis fue un análisis computarizado de la obra de Samuel Beckett. Impartió clases de Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad Estatal de Nueva York, en Búfalo.

En 1984 regresó a Sudáfrica y estuvo impartiendo cátedra en Lenguas Inglesas en su alma mater. Allí estuvo dedicado a la docencia hasta 2002, año en que se fue a vivir a la población de Adelaida, en Australia. Allí es investigador del Departamento de Inglés de la Universidad. En 2006 recibió la nacionalidad australiana.

Los escritos de J. M. Coetzee están marcados por un estilo simbólico y metafórico. Entran en las profundidades del corazón humano, pero también cuestionan el régimen del apartheid, y cualquier tipo de racismo. En sus textos explora las consecuencias de este régimen en el hombre y en la sociedad. Cuando la Academia Sueca le dio el Premio Nobel de Literatura, comentaron: “Su obra está fuertemente marcada por la época del apartheid, lo que lejos de darle carácter local, la convierte en universal”.

Además del Premio Nobel de Literatura, el autor ha recibido muchos premios importantes, como el premio Booker, que recibió dos veces, por sus obras Vida y obra de Michael K. (1983), que es la historia de un sobreviviente de la guerra civil sudafricana, y Desgracia (1999), la vida de un profesor de literatura que es marginado del mundo por haber realizado acoso sexual.

Al menos tres de sus obras han sido adaptadas al cine: Dust, dirigida por Marion Hansel en 1985, basada en En medio de ninguna parte, Disgrace (2008), dirigida por Steve Jacobs, basada en el libro homónimo, y Waiting for the barbarians (2019) dirigida por el colombiano Ciro Guerra. Sus últimas novelas han sido La infancia de Jesús (2013), Los días de Jesús en la escuela (2016), y La muerte de Jesús (2019).

La edad del hierro, escrita entre 1986 y 1989, es la carta final, a manera de diario, que le escribe una mujer madura sudafricana, a su hija que vive en los Estados Unidos, huyendo de los horrores del apartheid. El día en que la protagonista regresa del médico con la noticia de que está en una etapa terminal de cáncer en los huesos, se encuentra en su patio con un hombre indigente que ha llegado para quedarse. En el transcurso de la novela, sumergida en los hechos violentos que caracterizaron el apartheid, se va tejiendo una relación entre la señora Current y el señor Vercueil, que va de la primera extrañeza, a un encuentro de profunda humanidad.

Esperando a los bárbaros es una novela fuerte e intensa. A pesar de mi hipersensibilidad a las situaciones violentas, no pude dejar de leer hasta que terminé de devorarla. En algún lugar, en un tiempo indefinido, El Imperio declara la guerra a las tribus nómadas de la frontera, mismas a las que había despojado de sus tierras. El magistrado que gobierna uno de los pueblos fronterizos narra la forma en que los esbirros del imperio, primero la policía y después el ejército, asesinan y torturan a los que llaman bárbaros, que son no sólo los miembros de la tribu, sino todo el que viva fuera de las paredes de la población, y que sea diferente.

El magistrado narra en forma autobiográfica todo lo que va sucediendo, su relación con una prisionera nómada, su incursión a las tierras de los bárbaros, y después su propia caída en manos de los militares y la ruina del pueblo. Es una narración profunda, enriquecida por sus reflexiones y por sus observaciones sobre la violencia y la forma en que ésta se transmite a toda la población. En esta novela el autor muestra las profundidades de su conocimiento del poder, del autoritarismo y del racismo, y no deja de hacernos saber que las cosas podrían hacerse de otra manera. Creo que se trata de una obra muy universal.

Verano es un texto autobiográfico de Coetzee, que abarca desde 1970 a 1976, época en que él tenía de 30 a 36 años. Yo lo catalogaría como una novela, ya que tiene trama y personajes. Me parece muy interesante la forma en que Coetzee se hace pasar por muerto en la novela, y es investigado por un profesional, periodista o escritor, que recopila las notas del difunto, entrevista a cinco personajes que fueron importantes en su vida en esos tiempos, y termina con sus notas personales sobre el escritor.

En el texto Coetzee se da un trato curioso, ya que las personas entrevistadas lo describen como un hombre apocado, indiferente, dependiente de su padre, sin atractivo para las mujeres, que realiza un trabajo académico de segunda clase, introvertido y asocial. Todavía no leo los otros textos autobiográficos del autor, Infancia y Juventud, en los que describe esas etapas de su vida, pero la descripción del hombre pusilánime y solitario que describe Verano, con un toque de humorismo, me resulta contrastante con la vitalidad y la fuerza de los textos suyos que he leído.

En las notas iniciales y finales, y en el transcurso de las entrevistas, el autor da una idea de la vida en Sudáfrica en los años setenta, y también del carácter de los sudafricanos blancos o afrikaneers. Verano me parece una forma muy original e interesante de abordar una autobiografía, dejando la conceptualización a cargo del investigador, pero construyendo un personaje único y entrañable en el protagonista.

Desgracia es otra novela dura, muy premiada y alabada por la crítica. David Lurie es un profesor universitario de cincuenta y dos años, que lleva una vida sin gracia, enseñando mecánicamente, y viviendo con el único interés de apaciguar sus deseos.

Ha salido de dos matrimonios y una relación con una chica de paga, y fuerza un encuentro muy desigual con una alumna de veinte años. Cuando se descubre su relación con la estudiante, se forma un escándalo mayúsculo y se abre una investigación en la universidad. Él, en un acto de soberbia, prefiere perder su puesto antes que disculparse en público. Entonces pierde todo y es rechazado por toda la sociedad.

Señalado y derrotado deja Ciudad del Cabo y se va a visitar a su hija Lucy, que tiene una granja en el campo. Allí les sucede un evento de terrible violencia, que desmorona lo que queda de su vida. Ha de hacer algo con su existencia, y en su exploración y la revisión de sí mismo encuentra un nuevo destino.

A pesar de ser un tema fuerte y difícil, una vez que uno abre el libro, no puede dejar de leer. Es impresionante la forma en que el autor maneja las reflexiones del protagonista, el pensamiento de los distintos personajes, el realismo con que los retrata, la manera en que delinea sin señalarlos, los problemas sociales que enmarcan la novela, la forma en que muestra las reacciones de la gente en la ciudad y en el campo sudafricano.

Estas lecturas de Coetzee me han abierto un nuevo panorama en lo que se refiere a la literatura contemporánea. Por supuesto que no he agotado su vastísima obra, y que unos pocos libros no son suficientes para conocer a fondo a ningún autor, sólo puedo decir que quiero más.

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